Me sentía sola, triste, vacía. Tanto, que lloraba cada día.
No había motivo, no tenía por qué, solo lo hacía, a nadie se lo contaría.
Empecé a sentirme peor, a mutilar mi cuerpo. Primero fueron unos arañazos con mis largas uñas, hasta quemarme con la vitrocerámica.
¿Qué estaba haciendo?
Tenía miedo, le pedí a un par de amigas que me vigilasen, no quería hacerme más daño.
Una noche de sábado. Oh, bendita noche de sábado... Padres que salen de fiesta, mi mete aprovecha.
No sé cómo lo hice. No sé por qué lo hice.
Me metí en la bañera y abrí el grifo, hasta que se llenó entera. Cogí una cuchilla y empecé a depilarme, presionando mucho el afilado útil contra mi piel.
La fina capa de piel se despegó de mi cuerpo, haciendo una herida enorme.
El agua quedó llena de sangre.
Cuento mi historia porque hay cientos de personas que tienen historias parecidas. Se esconden en el silencio. Puedes ayudarlas, es quien menos te lo esperas.
¿Te demorarás a perderla?

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