Capitán, Capitán Morgan.
Cruzó mares y luchó contra los más temibles soldados de la inquisición.
Fue vanidoso, soberbio, mentiroso... Y mujeriego.
Usaba su belleza y sus penetrantes ojos para seducir a toda aquella dama que se le cruzaba y cuando había conseguido lo que quiería, que nunca se iba sin conseguirlo, las mataba.
Yo fui una de ellas, pero no acabé en una caja de pino.
Corría el siglo XIII, lo recuerdo bien... Tenía 15 años y bueno, como todos éramos en esa época, era católica. Se quemaban a las brujas vivas. Pero se olvidaban de los brujos.
Hombres, se creían superiores, se creían grandes por entrar en el ejército... Las mujeres también tenemos algo de mérito, ¿no? Para eso les damos vida, los llevamos un tiempo en nuestro vientre para que luego ellos nazcan y se crean superiores...
Lo peor es que mis pensamientos, por muy correctos que sean, no los puedo decir en voz alta, porque me quemarían por hereje.
Me dejaban salir sola, por lo que fui a realizar la compra al mercado de la plaza. Adivinen a quien encontré ahí. Sí, al Capitán Morgan.
Su largo pelo marrón, ensortijado y algo despeinado me cautivó... Sacudí la cabeza y seguí con mi compra. Vi una manzana... Oh, ese era un bien que nunca me podría permitir. Quise cogerla para, al menos, sentir su tacto. Pensé en robarla, o en morderla y salir corriendo. Mi razón me dijo que no lo hiciera, y le hice caso. Sentí una respiración en la nuca y apareció a mi lado. "Al parecer, la joven tiene dinero."- dijo con una embriagadora sonrisa.-
- Al parecer, la joven tiene dinero.- Me insinuó, con una embriagadora sonrisa.
No me atreví a dirigirle la palabra.
Su piel bronceada estaba iluminada por el sol y su pelo caía por sus hombros hasta poco más de su pecho.
Era guapo, para qué mentir, y tenía unos ojos color esmeralda que hipnotizaría a cualquier dama.
Dijo que él me llevaba la cesta y por mucho que le negase amablemente, él insistió, y acabó llevándola.
Decidí no comprar nada, sólo un poco de yerba para hacer una infusión. Cuando salimos del mercado, me pidio dar una vuelta. Acepté. En nuestra vuelta silenciosa me fijé en él, tendría unos... 23 años. Le pregunté por su nombre y me respondió.
Nos sentamos al lado del río y dejamos la cesta. Congeniamos bien. Una cosa llevó a la otra, una acaricia a otra, un beso a otro... Y mi castidad se la llevó el diablo.
Después de eso, él sacó un cuchillo y yo me asusté. Le sujeté las muñecas, impidiéndo que me quitase lo que me quedaba, la vida. Le di una patada en el pecho tan fuerte que se tuvo que encoger del dolor, cogí mi cesta y salí corriendo a mi casa.
Nueve meses después, tuve un hijo suyo.
Le dije a mi padre que me violaron, no sé si se lo creyó, pero no puso pegas.
No supe nada de él, sólo sé de la cantidad me jóvenes que acabaron muertas por su culpa. He oído leyendas, leyendas de que es la reencarnación del diablo, un ser inmortal, o algo así...
He oído rumores de que lo convirtieron en perro, de que lo congelaron, o que lo ejecutaron en otro país, de que el mar se lo tragó...
En las leyendas y los rumores, lo menos importante es la verdad.
Su largo pelo marrón, ensortijado y algo despeinado me cautivó... Sacudí la cabeza y seguí con mi compra. Vi una manzana... Oh, ese era un bien que nunca me podría permitir. Quise cogerla para, al menos, sentir su tacto. Pensé en robarla, o en morderla y salir corriendo. Mi razón me dijo que no lo hiciera, y le hice caso. Sentí una respiración en la nuca y apareció a mi lado. "Al parecer, la joven tiene dinero."- dijo con una embriagadora sonrisa.-
- Al parecer, la joven tiene dinero.- Me insinuó, con una embriagadora sonrisa.
No me atreví a dirigirle la palabra.
Su piel bronceada estaba iluminada por el sol y su pelo caía por sus hombros hasta poco más de su pecho.
Era guapo, para qué mentir, y tenía unos ojos color esmeralda que hipnotizaría a cualquier dama.
Dijo que él me llevaba la cesta y por mucho que le negase amablemente, él insistió, y acabó llevándola.
Decidí no comprar nada, sólo un poco de yerba para hacer una infusión. Cuando salimos del mercado, me pidio dar una vuelta. Acepté. En nuestra vuelta silenciosa me fijé en él, tendría unos... 23 años. Le pregunté por su nombre y me respondió.
Nos sentamos al lado del río y dejamos la cesta. Congeniamos bien. Una cosa llevó a la otra, una acaricia a otra, un beso a otro... Y mi castidad se la llevó el diablo.
Después de eso, él sacó un cuchillo y yo me asusté. Le sujeté las muñecas, impidiéndo que me quitase lo que me quedaba, la vida. Le di una patada en el pecho tan fuerte que se tuvo que encoger del dolor, cogí mi cesta y salí corriendo a mi casa.
Nueve meses después, tuve un hijo suyo.
Le dije a mi padre que me violaron, no sé si se lo creyó, pero no puso pegas.
No supe nada de él, sólo sé de la cantidad me jóvenes que acabaron muertas por su culpa. He oído leyendas, leyendas de que es la reencarnación del diablo, un ser inmortal, o algo así...
He oído rumores de que lo convirtieron en perro, de que lo congelaron, o que lo ejecutaron en otro país, de que el mar se lo tragó...
En las leyendas y los rumores, lo menos importante es la verdad.


