-¿Te paraste a pensar por un momento de que yo me arrepentiría?-Dijo,
gritando a media voz.
Él la miró confuso, sin saber qué decir. Mientras tanto ella seguía
mirando el cielo desde el balcón del observatorio, con lágrimas en los
ojos. Se impacienta y se gira para marcharse. Él, rápidamente, la
sigue, le coge de la muñeca, la empuja haciendo que se gire y se quede
mirando hacia él.
-¿Y tú, te paraste a pensar en que yo nunca dejaría de amarte?- lo dijo
tranquilo y a la vez severo. Le apretó con más fuerza la muñeca,
haciendo que ella gimiera de dolor.
-Me-me haces daño...- Él la miro compasivo y la soltó. Cogió su barbilla
entre sus manos y la besó.
Ella se separó rápidamente y se fue corriendo. Él es más rápido. Cuando
la alcanzó volvió a repetir el proceso, la agarró de la muñeca.
-Atrevete a decirme que es mentira.- Susurró.
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